Mes: abril 2015

HISTORIA DE AMOR DE UN GARRAPATO

Hoy se han hecho públicos los resultados finales del IV certamen de relatos de Wikihammer 40.000, y el relato de Rut ha quedado segundo! Aquí os lo dejo en primicia para que podáis disfrutar de esta obra maestra del género literario 😉

HISTORIA DE AMOR DE UN GARRAPATO

Corría desesperadamente por la tierra, con las fauces abiertas, loco por coger su presa. Ese costillar de grox se estaba riendo de él ya que cada vez que se movía, el costillar también lo hacía, y cada vez que paraba el trozo de carne interrumpía su carrera, desafiándole a cogerle.

Los bichos verdes estaban a su alrededor rugiendo, moviendo sus brazos enérgicamente y pegando tiros al cielo. Orkos se hacían llamar, y él los quería, o algo así, eran los que le traían carne cuando tenía hambre.

Otros de su redil estaban también con él, corriendo hacia un lado u otro, con la boca abierta y los afilados dientes goteando babas. Se imaginaba que él también tendría ese aspecto, pero es que el maldito trozo de carne olía tan bien…

Últimamente tenía más hambre que de costumbre, desde aquella batalla hacía una semana, cuando la vio…

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De pronto el mundo pareció oscurecerse. En el frente se abrió una grieta en el cielo, una luz brillante, un ruido como el trueno y ¡Pluf!, empezaron a aparecer unas cosas negras en el cielo.

“¡NAVEZ OREJOTAZ!”, escuchó gritar a un amo. Salían de la grieta, acercándose a ellos. Algunas de esas naves bajaron hasta el suelo y empezaron a salir de ellas unos bichos muy feos, larguiruchos, pálidos y cubiertos de cuchillas. Él ya estaba familiarizado con su olor, se habían enfrentado otras veces a esos fideos, incluso algunos compañeros de redil habían muerto intentando comérselos. Otros no habían muerto y consiguieron alguna pierna o brazo que saborearon hasta el hueso.

Empezó el caos, sus cuidadores les azuzaban con ahínco, lanzándoles hacia los eldars oscuros. Él corrió hacia delante, observando a sus compañeros que también avanzaban. Al mirar hacia el frente de nuevo se quedó paralizado. Tal fue el frenazo que dio que notó como se estrellaba algo en sus cuartos traseros y, al mirar un momento hacia atrás, vio a su kaporal dando vueltas medio mareado y trastabillando con sus propios pies, la lanza había caído al suelo y el casco de metal que llevaba se le había bajado, tapándole los ojos, por lo que solo se veían en su cara los colmillos y piel verde. No se entretuvo mucho con este suceso, ya que sabía que los orkos siempre estaban haciendo cosas sin sentido.

Volvió a mirar al frente y se concentró en la causa de su frenazo. Ahí estaba, en la colina, había muchas más con ella, parecidas a ella, pero no como ella.

“¡KYMERAZ!”, oyó gritar a sus amos, pero no les hizo ni caso. Para él solo existía en ese momento aquella preciosidad. Sus patas traseras, tan redondeadas y firmes, con esas curvas que insinuaban promesas de verdaderos placeres. Su cuerpo, tan perfecto, y su abdomen, tan firme y terso, le hacían babear de gusto. Esos dientes tan fieros que exhibía seguro que se transformarían en lengüetazos de súplica cuando él la alcanzara. Estaba decidido a atraparla.

La batalla continuaba a su alrededor. Sonaban disparos, explosiones, gritos y gruñidos. Una de las naves eldar había caído y ardía en llamas, fruto del impacto de uno de los kañonez de sus amos. Varias motoz estaban volcadas y sus dueños se arrastraban intentando encontrar algo a lo que hincarle el cuchillo. Había muchos cuerpos de ambos bandos, pero sus amos seguían tenaces en el avance y los eldars parecían empezar a retroceder, esta vez no ganarían.

Su hermosa y apetecible Kymera seguía en la colina junto a sus hermanas, moviéndose sinuosamente mientras lo observaba todo a su alrededor. Él se dispuso a cazarla, flexionando sus dos fuertes patas para coger impulso, se agachó y, acto seguido, se lanzó corriendo a por ella. A esa velocidad tardaría pocos minutos en llegar a la colina.

Corría con las fauces abiertas, su larga lengua moviéndose al compás del viento que le azotaba en la cara, salpicando a orkos y eldars por igual. En su frenética carrera empujó a dos Zoldadoz de Azalto que estaban peleando contra un íncubo, con tan mala (o buena) suerte que estos cayeron encima del eldar, y cuando se levantaron, este tenía una de sus rebanadoraz atravesándole el estómago. También aplastó a un kanijo mientras saltaba para esquivar una moto orka que había quedado en el suelo sin conductor. El bichejo intentó aferrarse a sus dedos pero, tras varias zancadas, se desprendió de su zarpa, convertido en puré verde de Gretchin.

Estaba cerca, casi podía imaginarse cómo se sentiría tocarla, mordisquearla juguetonamente… Quedaban unos metros cuando, de repente, vio aparecer a un escuálido eldar al lado de las kymeras, se puso a hacer cosas con las manos, a gritar, hubo una luz, él salto con sus fauces abiertas hacia ella, un trueno, una luz más intensa, casi había llegado a su kymera, una explosión y entonces… ¡Plof! Cayó al suelo y rodó colina abajo. Cuando miró hacia arriba su kymera ya no estaba, ni las otras tampoco.

Los Eldars huían, las naves recogían a los que quedaban y salían por la grieta que había aparecido en el cielo. Detrás de él un montón de amos orkos estaban tirados en el suelo, alrededor de un cráter que había aparecido tras la explosión. Algunos de ellos seguían vivos, unos solo aturdidos, otros heridos, se iban arrastrando intentando alejarse de la zona donde había explotado algo.

Ella había desaparecido, se sintió vacío por dentro, y hambriento, muy hambriento.>>

No, no debía pensar en eso, le desconcertaba, no le permitía atender al costillar que se meneaba suculento en frente de él.

“¡Se acabó!”, pensó, y su resolución se volvió más fuerte. Ese trozo de carne sería suyo. Se concentró en su aroma, cerró los ojos y dejó que lo inundara. Al abrirlos fijo su vista en su color rojo, en el brillo que despedían los trocitos de grasa al recoger la luz de las hogueras. Escuchó, los gritos de sus amos orkos, el ruido que hacían sus armas al dispararse… Todo se ralentizó para él y, por fin, se dispuso a darle caza. Se agachó, mirando fijamente el trocito, que danzaba alegremente delante de él. De repente, impulsándose con sus dos musculosas patas, saltó hacia delante, el trocito saltó a su vez.

Empezó una persecución entre ellos dos. Él corría a la máxima velocidad que podía, la carne también lo hacía. En un momento el trocito giró, seguro que para despistarle, él giro también sin perderlo de vista, siguió corriendo, otro giro para despistarle, pero no, él no se dejó engañar y casi lo cogió.

Oía a sus amos cada vez más excitados. Decidió que debía hacer un sprint final y movió sus patas todo lo rápido que pudo. En un momento de la carrera pudo escuchar como esos grandes verdes saltaban y rugían eufóricos “¡Ha ganado!”, también se oyó algún disparo y el sonido inconfundible de unos cuantos dándose golpes, pero no dejó que eso lo despistara de su objetivo.

Frenó en seco, taladró el costillar con la mirada, lo vio despistado, parecía que se acercaba a él… supo que esa era su oportunidad. Con un salto abrió las fauces y, para su sorpresa, atrapó el costillar de un bocado. Mientras lo agarraba fuertemente para que no escapara, vio volando por encima de su cabeza un pequeñajo de orejas puntiagudas, un gretchin. Aterrizó justo en frente de él, se le quedó mirando, llevaba un palo con una cuerda atada en un extremo. Se incorporó, lo miró fijamente y de repente salió corriendo como alma que lleva el diablo, alejándose cada vez más. Pero a él no le interesaba ese saco de huesos y pellejo, ya tenía su bocadito para él solo. Lo masticaba, notando como crujían los huesecitos, saboreando las gotitas de grasa que había visto brillar y pensando que jamás, nunca, iba a dejar que se le escapase un bocado.

Él era un garrapato y comer deliciosos bocaditos de carne de grox, de humano, de kymera, de gretchin… de lo que fuera, era su fin en la vida, y le encantaba.

Definitivamente estaba enamorado de la comida.

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Concurso Puppets War

La empresa polaca Puppetswar está realizando un concurso mensual de pintura. Tienes hasta finales de Mayo para enviarles una foto de uno de sus modelos pintado por ti (o un modelo construido de 0) a la dirección communitypuppetswar@gmail.removeit.com. Yo mandaré mi warbus orko, pero con mi nivel de pintura “Mayra hemos venido a jugar”  no creo que gane un mísero piño XD . El premio es un vale de 66€, lo cual sería una excusa ideal para poder comprar a Kevin (Rut espero que no estés leyendo esto…).

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